Sí, soy uno más, como mucho de ustedes, que decidió quedarse un miércoles hasta la medianoche observando un partido de fútbol que creí no iba a ver. Un compromiso internacional, como gusta denominarlo Maradona, que aburrió y sólo sumó dudas en la Selección Nacional. O, por el contrario, le habrá servido al entrenador para sacar conclusiones que quizá muchos somos incapaces de dilucidar.
El estadio José María Minella, en Mar del Plata, fue el escenario de lo que pudo ser otro tropiezo en el camino argentino hacia el Mundial de Sudáfrica. O quizá sí fue un tropiezo, ya que se obtuvo un resultado positivo sobre el final del partido y nada más que eso. Ni hubo buen juego ni aparecieron ideas, así como tampoco se destacó un jugador por el cual ahora uno reclame sí o sí su presencia en el plantel para junio próximo.
Al terreno de juego salieron el arquero Ibáñez, los defensores Mercado, Echeverría, Galeano y Monzón, los volantes Toranzo, Mercier, Acevedo e Insúa, con Jara y Palermo como referentes en la delantera. Argentina ganó 2 a 1 en el minuto 49 de la segunda etapa. Comenzó perdiendo e incluso no le cobraron un evidente penal a Jamaica en el primer tiempo que podría haber cambiado la historia toda del partido. Es que podríamos haber caído 5 a 0 o ganado 6 a 1, quién sabe...
Mientras las constantes declaraciones de Maradona sólo sirven para levantar polémica, y amenaza con elevar la convocatoria hasta los 150 jugadores, ahora avisó que Palermo tiene el 80% de su pasaje a Sudáfrica asegurado. ¿El resto de los que jugaron ayer? Se dieron el gusto de sentir el peso (en toneladas, según expresó Mancuso el último martes) de calzarse la camiseta albiceleste aunque sea una vez en la vida.
Pero sin ánimo de extenderme en demasía, y sin ganas de analizar un cotejo chato y aburrido que no será recordado en la historia, no puedo dejar de admitir cuánto llamó la atención a quien escribe sobre cómo festejaron los jugadores y el cuerpo técnico una vez que el flojísimo Víctor Ribera Chávez hizo sonar su silbato final. Las imágenes mostraron abrazos y gritos de desahogo, con un Maradona que apretó con fuerza a cada uno de sus muchachos y hasta hablando en el oído de algunos de ellos en forma particular. Ante las cámaras. Ante los espectadores. "Pan y Circo" pensé inmediatamente. Y apagué el televisor con cierta pizca de indignación. Espero haber sobreactuado, ¿o lo hicieron ellos?
Sebastián Louge